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Eduardo Matos Moctezuma, una autoridad de la arqueología mexicana, ha reaccionado junto con muchos otros por la manera tan laxa en que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha manejado el evento más importante de la ciudad de México en el último milenio: la fundación de Tenochtitlán. “Quieren empatarlo con 1521, año de la caída de Tenochtitlán con 1821, la consumación de la Independencia y con este año, 2021. No es correcto que se manipule la historia así”, dijo el arqueólogo a Gaceta UNAM.

De acuerdo con el registros histórico del Códice Mendonza, folio 2r, la fundación sucedió en el año mexica 2 Calli (Figura 1). Si bien el año es indudablemente 1325, el día dentro de ese año ha permanecido indescifrable –aunque algunos especialistas han intentado proponer algunas fechas, incluyendo una en que ocurrió un eclipse, evento que carece de registro histórico y además no es compatible con el acto fundacional dentro de la cosmovisión mesoamericana.

Para recuperar la fecha de la fundación basta disponer de dos o tres elementos básicos: el primer elemento sería una figura mítica de los mexica, aquella que se quisiera poner en máximo realce en el rito fundacional. Considerando que la élite mexica se había preparado y educado en la ciudad sacerdotal de Tollan-Xicocotitlán donde la máxima figura era Quetzalcóatl, es lógico pensar que ellos colocaran un templo en el centro del espacio religioso y administrativo dedicado a dicho héroe tolteca. En efecto, tal como se muestra en la Figura 2, al frente del Templo Mayor se edificó el templo de Ehécatl-Quetzalcóatl para honrar a la figura más importante de aquel momento en la historia fundacional mexica-tenochca.

Figura 1. Códice Mendoza, folio 2r. El primer año registrado en la esquina superior izquierda el 2 Calli, que corresponde a 1325. Imagen del archivo digital de Francisco Rivas.
Figura 2. Templo dedicado a 9 Ehécatl frente al Templo Mayor en Tenochtitlán. El homenaje a Quetzalcóatl como deidad fundadora fue una tradición heredada de los toltecas. En el año 2 Calli la fecha 9 Ehécatl sucedió el 24 de julio de 1325. Cada 24 de julio el Sol hace un paso cenital sobre Tenochtitlán. Estas condiciones solares fueron propicias para la fundación. Imagen tomada de publicación de Enrique Florescano.

El segundo elemento del cual se debe disponer para recuperar el día exacto de la fundación de Tenochtitlán es un sistema de conversión de fechas de alta precisión. Los convertidores basados en los estudios de Rafael Tena o Alfonso Caso presentan ambigüedades que han sido discutidas en otro artículo de divulgación. El convertidor que he desarrollado y que he puesto a disposición de investigadores y el público en general desde hace casi una década, ofrece para el año 1325 una fecha de características inmejorables: el 24 de julio. Esta fecha, que es solar (es decir, está ubicada en el calendario gregoriano aplicable a aquel siglo), tiene asociado el día 9 Ehécatl, fecha onomástica de Quetzalcóatl.

Para los pueblos mesoamericanos, la serpiente emplumada llamada K’eya Maxi por los otomíes, Juun Ye’ ? (deidad GI) por los maya y Quetzacóatl por los mexica, nació en el día 9 Viento. Se le asociaba con su capacidad para conectar el inframundo de los muertos (el xibalbá o el mictlán con nueve cuevas) con el cielo de trece espacios, y ganó su reconocimiento como héroe por haber traído los granos de maíz y el calendario para que los primeros humanos tuvieran una razón para vivir y para que su vida fuera ceremonial, de acuerdo con las fechas rituales y los acontecimientos. astronómicos.

Al amanecer de aquel día del 24 de julio de 1325 Venus matutino venía descendiendo desde hacía ya trece días, cuando había estado junto a Júpiter y Saturno (probables madre y padre primordiales, como ya he sugerido). Para los mexica el aspecto más importante de Venus es como estrella matutina, pues cuando está así, como lucero del amanecer, prima su carácter belicoso. Esto es en contraste con el aspecto vespertino de Venus, que es más noble y más apreciado por otomíes y mayas, especialmente cuando aparece en mayo, pues trae las lluvias junto con Tláloc.

La elección mexica del día 9 Ehécatl del año 2 Calli, es decir, del 24 de julio de 1325, fue favorable además porque el 24 de julio acontece el paso cenital en esta área, lo que significa que el Sol del mediodía cae de forma vertical. Para los mexica el día fue ideal, pues el Águila Dorada-Tonatiuh-Sol se alzó en el punto más alto y central de la bóveda celeste, imponiéndose sobre todo el territorio que se convertiría en su imperio. El pacto entre el águila y la serpiente emplumada quedaba sellado para siempre en aquel acto ritual registrado en el cómputo del tiempo sagrado y cósmico; quedaba consolidado en un monumento que fundía el principio ordenador de Ehécatl-Quetzalcóatl con la visión imperial del Águila Solar.

Figura 3. Convertidor de fechas mayas, otomí y mexicas. Notar que el día correspondiente al 24 de julio de 1325 fue 9 Ehécatl del año 2 Calli, en el tercer día de la veintena Uey tecuilhuitl, cuando se celebraba el juego de pelota. La fecha 9 Ehécatl (9 Viento) conmemora el nacimiento de Quetzalcóatl, héroe mesoamericano fundacional por excelencia. Los mayas lo registraron como Juun Ye’ ? y también decían que había nacido en 9 Ik’ (9 Viento). En Chichén Itzá fue conocido como Kukulkan. Convertidor disponible en http://damixi.jl.serv.net.mx/test/gc.jsp

Tlaltelolco, al suroeste del Templo Mayor, se había convertido en el mercado de Tenochtitlán desde que los tenochcas se lo hubiesen arrebatado a los tlaltelocas en el año de 1473. En ese espacio también había un monumento redondo dedicado a Quetzalcóatl. En 1521 los mexica-tenochcas fueron obligados a rendirse después de haber resistido los embates militares de los españoles por mas de ochenta días. Dos años después las piedras de los templos fueron utilizadas por Hernán Cortés y sus hombres para erigir la Iglesia dedicada a Santiago Apóstol. Si bien desde la perspectiva histórica oficial la dedicación a dicho apóstol responde al hecho de que aquél era el santo patrono de las huestes de Cortés, hay elementos para pensar que se eligiera una figura católica celebrada en el mes de julio para suplantar a la figura fundacional mexica. Sin duda, Cortés debe haber sido informado sobre la fecha de conmemoración de Tenochtitlán y su relación con Quetzalcóatl.

Figura 4. Iglesia de Tlaltelco, dedicada al Apóstol Santiago, cuya fecha conmemorativa es el 24 de julio. Cortés escogió a este santo para suplantar la fiesta dedicada al máximo titular y sacerdote del panteón mexica y tolteca Quetzalcóatl, mismo que participó en la fundación de Tenochtitlan el mismo día de su onomástico, 9 Viento, el 24 de julio de 1325, en año 2 Calli. Imagen de https://www.tlatelolco.inah.gob.mx/index.php/recorridoss/iglesia

Al escoger la fecha de paso cenital 24 de julio se garantizaba la conmemoración del aniversario de la fundación del imperio mexica-tenochca por todos los años venideros sin posibilidad de que se olvidara dicha fecha o de que se cometiera un error de cálculo. Sin embargo, desde que se destruyó Tenochtitlan y, a medida que transcurrieron los siglos, la memoria histórica fue tergiversándose, acomodándose a nuevos enfoques teóricos e intereses, y reinterpretándose. El esfuerzo de Cortés por erradicar todo rastro y memoria de los elementos simbólicos más relevantes de la fundación del imperio mexica dio frutos: las mentes de la gran mayoría de los historiadores de ‘la conquista y la colonia’ permanecen colonizadas, aferradas a formas de interpretar el mundo mesoamericano que son de poca ayuda para quienes reclaman la descendencia de la nación de Huitzilopochtli, Quetzalcóatl y las Guerras Floridas.

Quizás la más grave condicionante de las mentes colonizadas es la creencia de que el sistema calendárico mexica –y por extensión, el otomí y el maya– es imperfecto. Todas las escuelas y academias especializadas argumentan que el calendario mesoamericano es impreciso por aparentemente carecer de un mecanismo para mantener las fechas del ciclo anual en sincronía con las fechas solares que caben en el año. Se han publicado un sinnúmero de artículos científicos intentando sustentar tal argumento, y los libros de primaria y secundaria de México repiten esto sin pensar en el grave daño que dicha acusación produce en los niños que están queriendo construir una identidad, y buscan en los productos intelectuales antepasados referencias a grandes logros científicos, astronómicos, arquitectónicos y médicos, entre tantos otros.

Ya han transcurrido más de 520 años desde aquel año otomí 13 Carrizo (equivalente al año mexica 12 Carrizo) acontecido en 1492 y otra vez en 2012, para el fin del Quinto Sol. Sin embargo, se sigue faltando a la inteligencia de sacerdotes, astrónomos y estadistas de aquellos tiempos, y el pueblo descendiente de los mexica aún no dispone de la información que le permita comprender a cabalidad la importancia del hito fundacional de Tenochtitlán, ni el mensaje fundamental de Quetzalcóatl, héroe tolteca, en cuyo honor se inauguró aquella ciudad.

Hacemos un llamado a Andrés Manuel López Obrador para que junto con los especialistas en la materia que integran su gobierno, emitan un comunicado para rectificar no solamente la ofensa que representa el forzar un aniversario de 700 años desde la fundación en el año 2 Calli de 1325 a cuatro años antes el año 2021, sino también para, de una vez por todas, esclarecer la fecha precisa de aquel acontecimiento, que fue el 24 de julio de 1325, en el día 9 Ehécatl 3 Uey tecuilhuitl.

En caso de necesitar mayor sustento, estoy dispuesta a colaborar con un grupo especializado cuando el presidente de la república lo solicite.

Para leer más

El mercado de Tlalteloco y los productos que en él se ofrecían https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1890/1887

El 29 de marzo es la fecha solar de comienzo del año Otomi-Hñahñu con la veintena llamada Anttzayo (de acuerdo con el Códice Huichapan). Tanto la Pirámide de Cuicuilco como la Pirámide de las Flores y otras dos estructuras en Xochitécatl, Tlaxcala, están alineadas hacia la puesta de Sol del 29 de marzo. En Morelos hay un sitio del Postclásico Tardío (siglo XIV) que también está alineado al Sol que se pone el 29 de marzo sobre el Cerro del Aire.

En esta fecha del 29 de marzo se hacía una danza con una culebra (k’eya) que abría el año (nkeya) y traía los buenos augurios de las lluvias. En el Códice Ixtlilxóchitl, la página 94 muestra un hombre pintado de hollín negro sosteniendo una culebra por su cabeza con una mano y una mazorca con la otra. En sus mejillas negras tiene un círculo con semillas de chía para representar cielos negros y nubes cargadas de semillas de lluvia. Con esta danza que abre el año se augura un buen temporal y abundancia de maíz y otros productos de la milpa.

Página 94 del Códice Ixtlilxóchitl para la veintena Anttzayo, correspondiente a la veintena mexica Tlacaxipehualiztli o Coaílhuitl (que se traduce como fiesta de la culebra)

A esta veintena le siguen dos, que son la fiesta pequeña y la fiesta grande para pedir las lluvias. La primera se llama Anzotho, donde nzo’the quiere decir ‘avenida de agua’. La segunda se llama Antatzhoni, que quiere decir gran imploración–para que lleguen las aguas. La primera transcurre del 18 de abril al 7 de mayo, y la segunda del 8 al 27 de mayo. Esta segunda se llamó entre los mexica Huey Tozoztli, o Gran Vigilia, y se refería a una vigilia que comenzaba en la noche del 2 de mayo para amanecer el 3 de mayo, día en que iniciaba la veintena. Esta vigilia consistía en el encendido de fuegos en todas las casas y cimas de los cerros al atardecer, tradición que al parecer nació entre los pueblos otomíes y fue apropiada por los mexica-nahuas (de acuerdo con Isak Díaz y Mindahi Bastida Muñoz).

Códice Borbónico, página 25. Veintena de Gran Vigilia para pedir lluvias.

La fecha 3 de mayo es muy especial por ser una de ocho fechas significativas del ciclo anual, y en particular, el 2 de mayo a la hora de la puesta conecta a las personas con la presencia del Lucero del Atardecer que se asoma sobre el horizonte poniente, pues se piensa que este Lucero, en su aspecto femenino, tiene la fuerza para traer las lluvias. El encendido del fuego el 2 de mayo se practica aún en varios pueblos otomíes del valle de Toluca, de acuerdo con Isak Díaz.

Usted puede consultar y descargar el calendario de este año aquí. Si desea recibir un cuaderno con la descripción de cada veintena puede comunicarse con la autora directamente.

El Libro de Chilam Balam de Kaua es uno de diez Chilames Balames que se escribieron entre 1595 y 1796 y que se han encontrado y publicado en las últimas décadas. Este libro en particular es el más completo y detallado de la colección de libros de Chilames Balames, por lo que es la fuente más importante al comparar registros calendáricos mayas y cristianos. 

Imagen del Chilam Balam de Ixil. Muestra los cuatro cargadores para Yucatán, Kan, Muluc, Hiix, Cauac, asociados a los numerales comenzando por Hun (1) arriba; los cargadores están agrupados de cuatro en cuatro, avanzando en sentido contrario a las manecillas del reloj.

Lo más llamativo del registro en el Kaua es la presencia de una tabla de augurios de años donde los portadores de año no están ligados al 15 de agosto a la manera yucateca sino que a principios de enero, como manda el calendario europeo. 

Así, el escriba del Chilam Balam de Kaua logró desarrollar un sistema sincrético entre el calendario gregoriano y el calendario maya haciendo una lista de augurios para veintiséis años cristianos a partir de 1796, ubicando al portador de año maya en el 12 de enero. Dicho portador es definitivamente artificial, pero se manejó para hacerlo equiparable en importancia al primer domingo que ingresa en el año cristiano. 

En el calendario cristiano el primer domingo determina la “letra dominical” de todo el año. De alguna manera, la “letra dominical” permite hacer una lectura de cómo vendrá el año, ya que todos los domingos del año tienen la misma letra. En los almanaques europeos se agregaban observaciones astronómicas para enriquecer la interpretación del devenir del tiempo.

Para el calendario maya, el escriba del Kaua, siguió los mismos principios de interpretación pero recurriendo a los almanaques mayas para acomodar esa información al estilo europeo. Así, tomó al décimotercer día de cada veintena como equivalente al séptimo día de cada semana cristiana. Así, el glifo que cayera en la posición trece de la veintena sería el “portador del año.” Además, la veintena que serviría para las tablas paralelas de augurios cristianos y mayas sería la veintena llamada Mol porque, al ubicarse entre el 31 de diciembre y el 19 de enero, se facilitaría el despliegue de fechas en las tablas paralelas. El cuadro siguiente muestra el ejemplo de uso de ambas tablas para este año cristiano que acaba de comenzar, 2021.

Como se puede apreciar en el primer cuadro, el 1 de enero siempre comienza con la posición que se identifica con la letra A y avanza hasta la letra g, con lo que se crea una secuencia de semana fija. Lo que se consulta en ese almanaque es la letra que queda vinculada al primer domingo del mes, que es el día primero de una semana. Eventualmente sucederá que el domingo tenga letra g, lo que marca el comienzo de una semana. 

En paralelo, el modelo de la tabla del Kaua marca que el primer día de la veintena –en este caso 0 Mol– comienza con la posición 1 y avanza hasta el número 13, creando una secuencia fija. Lo que se consulta es el k’iin que queda vinculado al día trece de los trece lugares del componente fijo de la tabla. Eso es porque en un ciclo de trece años, eventualmente sucederá que el k’iin tenga coeficiente 1, lo cual marca el comienzo de una trecemana. En efecto, el ingreso de una trecena en el lapso de una veintena ocurre cuando el coeficiente 1 está presente en la secuencia de días del tsoolk’iin. 

En este ejemplo (para enero del año 2021) la letra asociada al día domingo es c.

El k’iin asociado al día 13 del componente fijo de la tabla con trece lugares es 5 Muluc

El día en el lugar 13 corresponde al 12 de enero y al día 12 Mol. 

EneroPosición Fija
(7 letras)
Día de la semana
(móvil)
 MolFecha cristianaPosición fija
(13 lugares)
Día de la trecemana (móvil)
    031 diciembre16 Kaban
1Aviernes 11 enero27 Etznab
2bsábado 22 enero38 Kawak
3cdomingo 33 enero49 Ahau
4dlunes 44 enero510 Imix
5emartes 55 enero611 Ik’
6fmiércoles 66 enero712 Ak’bal
7gjueves 77 enero813 Kan
8Aviernes 88 enero91 Chikchan
9bsábado 99 enero102 Kimi
10cdomingo 1010 enero113 Manik
11dlunes 1111 enero124 Lamat
12emartes 1212 enero135 Muluc
Cuadro 1. Ejemplo del modelo de tablas paralelas plasmado en el Chilam Balam de Kaua, para el augurio de enero de 2021.

El propósito de la tabla en la p.14 del Kaua, consiste en brindar augurios del nuevo año cristiano por medio de un k’iin (o día maya) que, como requisito, esté vinculado a la primera trecena que ingresa en enero—y ofrecer esta serie de augurios por dos ciclos de trece años (el ciclo que va de 1796 a 1808, y el ciclo que va de 1809 a 1821). 

Ciclo de augurios en trece años dado por un ciclo completo de trecenas, comenzando en 1 Kan 12 Mol el 12 de enero de 1796 de acuerdo con la tabla del Kaua en p.14

Uinal0Mol1Mol2Mol3Mol4Mol5Mol6Mol7Mol  8  Mol 9 Mol10Mol11 Mol12Mol
AñoDic31Ene1Ene2Ene3Ene4Ene5Ene6Ene7Ene8Ene9Ene10Ene11Ene12
1796            1 Kan
1797           1Lamat2Muluc
1798           1 Eb 2 Ben3 Ix
1799          1 Cib2Caban3Edznab4Cauac
1800            1 Ahau 2 Imix3 Ik4 Akbal5 Kan
1801       1 Kan2Chicchan3Cimi4Manik 5 Lamat6Muluc
1802      1Lamat2Muluc   3 Oc4Chuen 5 Eb 6 Ben7 Ix
1803       1 Eb2 Ben  3 Ix  4 Men5 Cib6Caban7Edznab8Cauac
1804    1 Cib2Caban3Edznab4Cauac  5 Ahau  6Imix  7 Ik8 Akbal9 Kan
1805   1 Ahau2 Imix3 Ik4 Akbal5 Kan6Chicchan7 Cimi8Manik9 Lamat10Muluc
1806   1 Kan2Chicchan3 Cimi4Manik5 Lamat6Muluc   7 Oc8Chuen  9 Eb 10 Ben11 Ix
1807 1Lamat2Muluc  3 Oc4Chuen 5 Eb 6 Ben  7 Ix  8 Men  9 Cib10Caban11Edznab12Cauac
18081 Eb 2 Ben3 Ix4 Men 5 Cib6Caban7Edznab8Cauac9 Ahau10Imix  11 Ik12 Akbal13 Kan
Ciclo de trece años plasmado en el modelo de tablas paralelas en el Chilam Balam de Kaua para la lectura de augurios.

Ciclo de augurios para trece años en un ciclo completo de trecenas, comenzando en 1 Muluc 12 Mol el 12 de enero de 1809 de acuerdo con la tabla del Kaua en p.14

Uinal0 Mol1 Mol2 Mol 3 Mol4 Mol5 Mol6 Mol7 Mol 8 Mol9 Mol10 Mol   11  Mol   12  Mol
AñoDic 31Ene 1Ene 2 Ene 3Ene 4 Ene 5 Ene 6 Ene 7Ene 8Ene 9Ene 10Ene 11Ene 12
1809            1Muluc
1810           1 Ben2 Ix
1811          1 Caban2 Etznab3Cauac
1812          1Imix 2 Ik3 Akbal4 Kan
1813        1Chicchan2 Cimi3 Manik4 Lamat5Muluc
1814       1Muluc2 Oc3Chuen4 Eb5 Ben6 Ix
1815      1 Ben2 Ix3 Men 4 Cib5 Caban6 Etznab7Cauac
1816     1Caban2Edznab3Cauac4 Ahau 5 Imix6 Ik7 Akbal8 Kan
1817    1 Imix2 Ik 3 Akbal4 Kan5Chicchan 6 Cimi7 Manik8 Lamat9muluc
1818   1Chicchan2 Cimi3Manik4 Lamat5Muluc   6 Oc7Chuen8 Eb9 Ben10 Ix
1819  1Muluc    2 Oc3Chuen  4 Eb 5 Ben6 Ix   7 Men8 Cib9 Caban10Etznab11Cauac
1820   1 Ben2 Ix    3 Men 4 Cib5Caban6 Eznab7Cauac   8 Ahau9 Imix10 Ik11 Akbal12 Kan
18211Caban2Eznab3Cauac 4 Ahau 5Imix6 Ik 7 Akbal8 Kan9Chicchan10Cimi11Manik12 Lamat13Muluc
Ciclo de trece años para la lectura de augurios plasmado en el Chilam Balam de Kaua.

Las tablas en el Kaua originalmente se hicieron para consultar augurios entre 1796 y 1821. Su creación denota el gran esfuerzo del escriba del documento por mantener el sistema calendárico maya yucateco validado por las autoridades eclesiásticas y las autoridades del gobierno que se hallaba en proceso de formación definitiva; todo ello en un contexto de discordia social, en el que se habían aplicado programas sistemáticos durante más de dos siglos para erradicar y destruir el corpus intelectual maya y las personalidades que lo protegían. La intención de crear estas tablas de augurios paralelos parece haber sido el procurar que el calendario yucateco fuera reconocido por los curas católicos y sus adeptos, y con ello evitar que el legado calendárico maya se perdiera del todo. 

Pero pretender que este “artificio calendárico” fuera empleado por gente maya yucateca fue bastante ingenuo. No consta que se haya utilizado de manera cotidiana y general, aunque quien lo haya consultado habrá notado que los días que arrojaban las tablas para cada 12 de enero eran válidos. En este ejemplo para 2021, el augurio lo da el k’iin 5 Muluc, que se refiere a que hay que permitir que las emociones fluyan, y aceptar que éstas se dan de forma cíclica, que no son estáticas. Si se comprende esto, nuestro centro (o cetro, que simboliza la capacidad de mando de una situación) estará íntegro. El aceptar el principio de dejar fluir es una enseñanza fundamental en este año.

Es importante saber que el portador original del año yucateco se ubica en 2 Pop, es decir, 15 de agosto, y para el año que va corriendo, el portador es 11 Kawak. La lectura interpretativa de este k’iin dice que hay “disonancia en la energía del rayo”. Esta energía es la que se descarga súbitamente para revelar la verdad e información que ha sido resguardada y se ha mantenido inaccesible por mucho tiempo. En situación de disonancia, dicha energía no podrá ofrecer a la humanidad ese tipo de información de manera fidedigna.

El portador del año maya al estilo Clásico o de Tikal, se ubica en 0 Pop, que es el 13 de agosto. En el año maya que estamos viviendo, el día portador es 9 Kaban, que se lee como “expansión de la energía del terremoto”. El terremoto habla del brusco re-acomodo de las cosas, las circunstancias y las relaciones. Se refiere a que todo lo que se daba por hecho se desmorona y se derrumba. La energía viene desde los nueve espacios del infamando, el lugar de origen, desde donde emerge la vida y adonde se sumerge lo muerto para un renacer.

De alguna manera, las tres lecturas aquí presentadas para el año maya que vamos viviendo nos invitan a ser fluidos como el agua, a discernir la información verdadera de la falsa, y a echar raíces profundas para no caer cuando se cimbre la tierra, desarrollando ramas largas en un tronco flexible. Ello, para poder participar en la regeneración de los procesos vitales que todos necesitamos para vivir en un territorio sano y (re)vitalizado, con dignidad y libre determinación.

Júpiter es el cuerpo que sigue en luminosidad a la Luna y Venus. Por eso millones de personas pudimos constatar desde mediados de diciembre, y día a día, cómo aquel brillante planeta y la estrella de Saturno iban acercándose en cielo del ocaso después de la puesta de Sol. 

Júpiter es el cuerpo que le sigue a la Luna y a Venus en luminosidad. Por eso, millones de personas pudimos constatar, desde mediados de diciembre, cómo aquel brillante planeta y Saturno iban acercándose en el cielo del ocaso después de la puesta de Sol. 

El haber podido observar el acercamiento de Júpiter y Saturno durante estos días pasados ha sido muy emotivo. Cuando la Luna emergió de la región próxima al Sol después de haberlo eclipsado en su totalidad, apreciamos a nuestro satélite junto a los dos planetas, y tuvimos la oportunidad de captar este hermoso encuentro en cámara desde Pucón, en el sur de Chile (Figura 1). 

Figura 1. Luna junto a Júpiter y Saturno, atardecer del 16 de diciembre de 2020. Imagen tomada por la autora en las faldas del volcán Villarrica, en Pucón, Chile.

Mientras tanto, se hacían virales todo tipo de explicaciones acerca de cómo ambos planetas hicieron una triple configuración con Venus en el año 2000 –cuando Júpiter y Saturno iniciaron el ciclo sinódico anterior al que comienza ahora– y más aún, que esa triple configuración debe haber sido aquella observada por los tres Reyes Magos sobre Jerusalem… Y es que cada re-encuentro entre ambos planetas demora veinte años, pero solamente cada cuarenta de estos ciclos sinódicos vuelven a estar tan próximos el uno del otro como lo pudimos apreciar ahora.

En vez de entretenerme en lo que sucedió en tiempo del nacimiento de Jesús, procedí a indagar acerca de la relevancia que pudieron haber tenido Júpiter y Saturno para los observadores mayas del cielo, particularmente en Palenque, Chiapas, hace unos mil quinientos años. 

En el Templo XIX de Palenque, así como en los tableros de la Cruz de aquel sitio famoso por ser cuna y tumba de K’inich Janaab Pakal, aparece el nombre de quien procreó a la principal deidad de la Creación del ciclo de 13 Bak’tun. Esta deidad principal de la Creación, altamente honrada en Palenque, era llamada ‘GI’, y sabemos por múltiples rasgos descriptores que se trató del planeta Venus, el lucero que brilla tan espléndidamente durante casi nueve meses al atardecer y otro tiempo igual en el cielo del amanecer.

En el tiempo de la Creación, cuando comenzó el ciclo 13 Bak’tun, Venus emergió en el poniente al atardecer después de nueve días de gestación en las aguas primordiales…aquél fue el acto inaugural del tiempo de los hijos del maíz en Mesoamérica, y se dio el 27 de julio del año 3117aC. Dicho tiempo se completó con un evento idéntico (de Venus emergiendo de las aguas primordiales) el 3 de mayo de 2013. 

Considerando que el astro que inauguró el tiempo de la humanidad del maíz fue Venus, ¿qué pistas tenemos acerca de su procreador o procreadores? ¿Acaso fue también un planeta –o dos? ¿Qué nos dicen los textos de Palenque acerca de las características de dicho procreador? ¿Se trata de un solo ser, ya sea mujer u hombre; o se trata dos seres de sexos complementarios?

Figura 2. Tablero de la Cruz, Palenque. Nacimiento del procreador siete años
antes de la Creación instaurada por la Deidad GI (Venus). Imagen de Stuart (2005: figura 139).

Sabemos que el/la procreadora había nacido siete años antes de aquel comienzo de 13 Bak’tun… Así lo refieren varios textos jeroglíficos en Palenque (Figura 2). Nació exactamente el día 8 Ajaw 18 Tzek’, que corresponde a un 19 de noviembre de 3124 aC. Algunos especialistas en estudios mayas pre-colombinos han propuesto que se trata de una mujer generatriz porque en su nombre aparece la sílaba ix que se usa como identificador femenino; pero cuando ix se emplea en la palabra ixim, que está en el nombre completo del procreador, el significado cambia a ‘maíz’. Otros se han enfocado en el componente nal del nombre completo, donde nal significa ‘hombre joven’, y argumentan que eso define al progenitor de Venus como un varón. 

El nombre completo del procreador de Venus es ¿?-na-NAL-IXIM? ¿?-MUWAAN-MAT. La primera porción se refiere al maíz (ixim) joven (nal), que considero es el producto de la procreación, es decir Venus, de por sí siempre asociado al quien trajo el maíz al mundo. La segunda parte del nombre consiste en dos aves: el búho o tecolote (muwaan) y el cormorán (mat). Lo importante aquí es que la mayoría de las inscripciones jeroglíficas del nombre del procreador consisten en un binomio, es decir que aparecen dos glifos, donde cada glifo es la cabeza de una deidad diferente (Figura 3). 

Figura 3. Nombres del progenitor de la Deidad GI (Venus) en distintos tableros de Palenque. Notar en letras b, c, d, e y g que se trata de dos cabezas independientes, alusivas a dos deidades, lo cual lleva a proponer que se trata de una pareja. Imagen tomada de Stuart (2005:figura 145).

Es muy posible entonces que el procreador consista en dos seres distintos que son denominados como aves para aludir a su presencia en el cielo. Esto es doblemente relevante: una porque ya no estaríamos necesitando discurrir sobre si se trata de un generador o una generatriz; y dos, porque podríamos plantear la posibilidad de que la ahora ‘pareja progenitora’ de Venus se tratara de dos planetas. 

Con este planteamiento como premisa, se vuelve necesario mirar lo que aconteció siete años antes de la emergencia de Venus, para ver si en efecto hubo dos astros luminosos en alguna configuración llamativa.

Siete años antes de 3117aC nos ubica en el año 3124 aC. Hacia el 20 de febrero de aquel año Júpiter y Saturno comenzaron a aproximarse en el cielo del atardecer mientras Venus se encontraba en su máxima elongación (Figura 4). Hacia el 21 de marzo de aquel año ambos planetas estuvieron en su momento más próximo de encuentro. Casi nueve meses después, en el día 8 Ajaw 18 Tzek, el 19 de noviembre de 3124 aC, el Tablero de la Cruz de Palenque narra que se dio el nacimiento del binomio progenitor. En esa fecha ambos planetas se encontraban en la región de Ahk (la Tortuga, el cinturón de Orion) y de Tzab’, las Pléyades (Figura 5). Es muy interesante que ambos planetas se localizaran precisamente en esta región, puesto que es sabido por narraciones del Altiplano Central mexicano que la pareja primordial se ubica en el lugar más elevado del arco de la vía Láctea, lugar que hacia noviembre y diciembre coincide con la región de las Pléyades (Figura 6, fragmento del Códice de Huamantla). 

Figura 4. Hacia el 20 de febrero de 3124 aC (fecha corregida gregoriana) Júpiter, Saturno y Venus configuraron un trino. 
Figura 5. Región que ocuparon Júpiter y Saturno en la fecha de nacimiento del binomio progenitor, en 8 Ajaw 18 Tzek’ o 19 de noviembre de 3124 aC, fecha se desprende de un registro en el Tablero de la Cruz de Palenque.
Figura 6. Códice otomí de Huamantla, fragmento. La pareja creadora Makamá y Makatá se encuentran en el cénit del cielo, bajo el arco de la Vía Láctea, configuración que también se plasma en el ‘Plato Cósmico’ maya, donde la figura protagónica de la procreación es un ave celestial. El lugar de los procreadores ha sido identificado como las Pléyades por varios autores.

Esta misma pareja o binomio progenitor asumió su cargo al gobierno 2 Bak’tunes después, o sea, casi 800 años después, como lo narra el Pasaje 6 del lado sur del Templo XIX (Figura 7). ¿Acaso significa esto que los antiguos ya habían calculado que el encuentro más cercano entre Júpiter y Saturno se da precisamente en este intervalo? Aquella fecha se registró en Cuenta Larga como 2 Bak’tunes 0 K’atunes, 0 Tunes, 10 Winales 2 K’ines, y en Rueda Calendárica como 9 Ik’ 0 Sak, lo que en el Convertidor de fechas desarrollado por quien aquí escribe corresponde al 1 de marzo de 2327 aC (fecha ajustada al calendario gregoriano). Buscando en el programa estelar Starry Night, vemos que el momento de mayor proximidad fue unos dos años antes. Eso es bastante notable.

Figura 7. Pasaje 6 del lado sur del Templo XIX. Ascenso a gobierno del binomio procreador o pareja creadora casi ochocientos años después de su nacimiento. Imagen de Stuart (2005: figura 56).

Si hay algo de especial en la conjunción de Júpiter y Saturno del 21 de diciembre de 2020 es que, de acuerdo con el presente análisis, la misma pareja progenitora de Venus se ubica hoy siete años después del cierre de 13 Bak’tun, evento que se proyecta en espejo para el momento del comienzo del 13 Bak’tun más siete años antes (Figura 8).

Figura 8. Júpiter y Saturno estuvieron muy próximos siete años antes de la emergencia de Venus en su acto inaugural del gran ciclo 13 Bak’tun, acto también conocido como la Creación. Ese gran ciclo se completó el 3 de mayo de 2013 (no en diciembre de 2012), y siete años después, el 21 de diciembre de 2020, Júpiter y Saturno están juntos, produciéndose un reflejo de aquel evento previo a la Creación, cuando nació la pareja progenitora de todos los pueblos mesoamericanos, de los hijos e hijas del maíz.

El hecho de que hoy podamos presenciar un evento en espejo (siete años después del cierre del gran ciclo 13 Bak’tun, así como fue siete años antes de la creación de 13 Bak’tun), es especial. 

Pero considero que lo particularmente ejemplar para nosotros, como testigos de un gran momento, es la unión de lo que para los antiguos mesoamericanos constituyó la pareja progenitora. Y es que se trata de una pareja que lo da todo por el bien de su progenie. David Stuart (2005:182) explica que el progenitor —que nosotros caracterizamos como el binomio progenitor— de la Deidad GI se describe como aquel que se sacrifica, ya que hace un gran esfuerzo para “crear algo de la nada”. En referencias mayas sobre la procreación de un hijo se usa la expresión ch’ab (sacrificio), que es la misma palabra que aparece en la frase u-baah-u-ch’ab del Pasaje 5 del lado sur del Templo XIX de Palenque. Ahora que sabemos que el progenitor de Venus, el joven maíz, fue una pareja y no un ser único, y que podemos contemplar a dicha pareja tal como se presentara siete años antes del nacimiento de Venus en la Creación, tenemos una oportunidad única para reflexionar. En particular, la configuración de la primera pareja nos invita a reconocer el sacrificio de nuestros progenitores para asegurar que sus hijos sean ‘buenas semillas’. Así como ellos estuvieron orgullosos por el nacimiento del joven maíz (Venus) por sus facultades para procrear y multiplicar a los hombres y mujeres del maíz, nuestros padres y antepasados también debieran poder sentirse realizados al ver el producto de su esfuerzo –tanto en su rol de cultivadores de maíz y otros granos como en su rol de padres que enseñan el valor de la cultura y cosmovisión del maíz.

Si algo hemos aprendido en este año 2020 desde que se completó el gran ciclo 13 Bak’tun en 2013, es que tenemos que ponernos a sembrar, a cultivar la tierra, a reproducir las semillas y a multiplicar los huertos familiares y comunitarios. Al ver todo tipo de noticias sobre el fenómeno de creación de nuevos huertos urbanos y en zonas rurales, estimo que los huertos se incrementarán hasta veinte veces en distintas regiones del mundo en la próxima década, incluso a pesar de los tiempos tan inciertos debido al cambio climático. Creo que este proceso es de lo mejor que puede estar sucediéndole a la humanidad cuando busca el sentido de la vida más allá de los grandes ciclos registrados por los antiguos sabios. En este ánimo, honremos a nuestros padres y ancestros, reunamos las mejores semillas que nos legaron y salgamos a sembrar!

Today, December 14, 2020, I am in Pucón, southern Chile, one of the places where the shadow or umbra will be cast by the Moon when as it advances between the Sun and the Earth. It is 8 in the morning and the dawning sky is totally covered by a single mass of white cloud, discharging rain incessantly. I think of the specialists and scientists who have brought in sophisticated cameras, and who may be wondering if it will clear before 11 am. I also think of the Mapuche tatas and nanas, who have discreetly been saying, as is customary, that the death of the Sun must be taken with great care. They commented on it when people were preparing to make a huge event for the eclipse in January 2019 in northern Chile, and they have been saying it with greater authority in recent months, because it is an eclipse that crosses their territory.

The astronomical program that I always consult, Starry Night, shows the Moon intervening in the Sun’s crown on one of its sides from around 6am today. That in itself already alters the amount of solar radiation, cooling the atmosphere enough to cause condensation of the water vapor that has accumulated over the forests and lakes in the Wallmapu region. In fact, it is well known by observers with ancestral knowledge about the lunar cycle that, when the Moon is new and is within the region of the Sun, it rains or stronger winds blow. As the hours go by this morning, the atmosphere will get even colder … so, I wonder, what window of probability did thousands of scientists rely on to travel to observation points in this location? Considering that they do have sufficient meteorological background, they may have moved to the highest peaks, beyond the cloud line. There they will be able to add more information to their databases about the dynamics of the Sun’s corona or the curvature of light rays in space … Meanwhile, the hundred thousand fans estimated to have arrived to Pucón –where my parents have lived for two decades– even with restrictions by Covid19, will have woken up puzzled: what to do if there is a curfew between 9am and 4pm and “on top of that” it rains non-stop?

It would be a good time to stop and think, to think with all the sensitivity of the body and mind about this process in which the Moon covers the Sun. What more sensitive people perceive in the time of the new Moon is enhanced hundreds of times when there is a total eclipse. Cells, usually activated by solar energy, now seem to be giving some of their vital energy back to the Sun. And it is not only about the semi-darkness and the umbra under which we find ourselves, but more importantly, it’s about the line of gravitational forces in which the Earth is located, and about the electromagnetic waves that are produced within the peculiar gravitational field. It is all this that leads to the reversion or alteration of vital processes, from ultracellular to planetary levels. Subtle changes in hormonal levels and neuronal and muscular electrical discharges can produce sudden changes in mood and behavior. When we are aware about what the eclipse implies for Mother Earth as a living being of great complexity and consciousness, it is natural that we give ourselves time-space for recollection; to quieten the mind and ask the protective beings of light, ancestors, warriors of great wisdom and vital force, who accompany us on this journey.

The fact that this opportunity of recollection for all Chileans and foreigners is taking place in Wallmapu speaks of the imminence of recognizing the wisdom, knowledge and science of time-space of the people of the Earth, the Mapuche. This, among many other highly relevant issues, is posed in the ILO Convention 169 on Indigenous and Tribal Peoples and in the United Nations Declaration on the Rights of Indigenous Peoples, both of which Chile has ratified. All Chileans should read them in order to resolve the way in which they, from their different educational, labor, political, religious and business contexts, will shape their economic and social processes. This must be done in dialogue with the people of the Earth, in a spirit of collaboration and co-responsibility, and in accordance with the international framework of the rights of indigenous peoples and their territories, which Chile must get used to accepting for a good collective life.

The civilizational crisis in which we find ourselves –a product of the schizophrenic behavior of Homo economicus— has bottomed out. What remains is to accept, once and for all, the definitive failure of the extractivist model imposed since the Spanish crown acquired divine permission to invade, subjugate and perpetually seize lands and inhabitants in ‘New Spain’ through the papal bulls Romanus Pontifex (1455), issued by Pope Nicholas V, and Inter Caetera (1493) issued by Pope Alexander I.

During the Fifth Mesoamerican Sun, a 520-year ‘eclipse’ was experienced. It was lived between 1492 and 2012, two years called by the Otomi-Toltec ’13 Reed’. That was a very tumultuous time, with exterminations and destructions never imagined. It was precisely eight years ago –on December 11, 2012, on day 4 Earth Tremor– when the culmination of that time occurred. The new dawn is heralding for the peoples who resisted and developed great resilience over the centuries.

In the Wallmapu, every 375 years there is a total eclipse. Somehow, this territory was also overshadowed by that entire cycle. Now, with this lan antü or eclipse, the Ñuke Mapu (Mother Earth) imposes her strong and omnipresent character: she and all the wise men and women are putting the stubborn mind that insists on going against the principles of nature in its place, so that the mind can have a new kind of approach to natural phenomena, one of sheer humility.

The time has come to accept that we are insignificant stardust in a galaxy of pulsars, flickering to the rhythm of their micro-cycles. We have a lot to learn from the people of the Earth and a lot to unlearn and discard from the individualistic, selfish and manipulative society that fell in the game of the brave dominator. Our young people have already understood this, and are putting their creative capacities at the service of Mother Earth, of her forests, deserts, rivers and seas and of the people who practice a good living, in an effort to create collective processes of regeneration and revitalization. Thank you, thank, you thank you. We will be accompanying you closely in this new dawn.

Hoy 14 de diciembre de 2020 me encuentro en Pucón, sur de Chile, uno de los lugares del paso de la totalidad de la sombra o umbra que proyectará la Luna al colocarse exactamente entre el Sol y la Tierra. Son las 8 de la mañana y el cielo ha amanecido totalmente cubierto; una sola masa de nube blanquecina descarga lluvia incesantemente. Pienso en los técnicos y científicos especialistas que han traído sofisticadas cámaras, y que estarán preguntándose si despejará antes de las 11 am. También pienso en los tatas y las nanas Mapuche, quienes vienen diciendo discretamente, como es costumbre, que la muerte del Sol ha de tomarse con sumo cuidado; lo comentaron cuando la gente se preparaba para hacer un gran evento para el eclipse en enero de 2019 en el norte de Chile, y lo han estado diciendo con mayor autoridad en los últimos meses—por tratarse de un eclipse que atraviesa su territorio.

El programa astronómico que siempre consulto, Starry Night, muestra la Luna interponiéndose en la corona del Sol por un costado desde alrededor de las 6am. Eso de por sí ya altera la cantidad de irradiación solar, enfriando la atmósfera lo suficiente como para provocar condensación del agua de vapor acumulada sobre la región de bosques y lagos del Wallmapu.  De hecho, es bien sabido por los observadores que guardan conocimiento ancestral del ciclo lunar que, cuando la Luna está nueva y ocupa la región del Sol, llueve o hay fuertes vientos. A medida que transcurren las horas esta mañana la atmósfera se enfriará aún más… entonces, me pregunto, ¿cuál era la ventana de probabilidad en la que confiaron miles de científicos para trasladarse a los puntos de observación? Es posible que precisamente ellos, por disponer de suficientes antecedentes, se hayan trasladado a las cumbres más elevadas, más allá de la línea de nubes. Allí podrán agregar más información en sus bases de datos sobre la dinámica de la corona del Sol o la curvatura de los rayos de luz en el espacio… Mientras tanto, los cientos de miles de aficionados (se calcula que, incluso con restricciones por Covid19 llegaron a Pucón, donde viven mis papás desde hace unos veinte años, cien mil personas) habrán amanecido desconcertados. ¿Qué hacer si hay toque de queda entre las 9am y las 4pm y “más encima” llueve sin parar? 

Sería buen momento para detenerse a pensar, pensar con toda la sensibilidad de nuestro cuerpo y mente acerca de este proceso en que la Luna tapa al Sol. Aquello que algunas personas más sensibles perciben en tiempo de Luna nueva se potencia cientos de veces cuando hay eclipse total. Las células, acostumbradas a activarse con la energía solar, ahora parecen estar dando de si algo de su energía vital de regreso al Sol. Y es que no solamente se trata de la penumbra y la umbra bajo la cual nos encontramos, sino que, más importantemente, de la línea de fuerzas gravitatorias en la que queda ubicada La Tierra y las ondas electromagnéticas que se producen dentro del campo gravitacional tan peculiar que se genera. Es todo esto lo que lleva a que los procesos vitales se inviertan o alteren, desde el nivel ultracelular hasta el planetario. Las emociones, que responden a cambios sutiles en los niveles hormonales y en las descargas eléctricas neuronales y musculares, producen estados alterados de conciencia, cambios de humor, de comportamiento, y conductas fuera de lo común. Cuando estamos compenetrados con lo que implica este proceso para la Madre Tierra como ser vivo de gran complejidad y conciencia, es natural que nos demos el tiempo-espacio para el recogimiento, para acallar la mente y pedir a los seres protectores de luz, ancestros, guerreros y guerreras de gran sabiduría y fuerza vital, que nos acompañen en esta travesía.

El hecho de que esta oportunidad de recogimiento para todos los chilenos y extranjeros se esté dando en Wallmapu habla de la inminencia de reconocer la sabiduría, el conocimiento y la ciencia del tiempo-espacio de la gente de la tierra, Mapuche. Así lo plantean, entre muchos otros temas de gran relevancia, la Convención 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que ha suscrito Chile que todos los chilenos y chilenas debieran conocer para resolver la manera en que ellos, desde sus distintos contextos educativos, laborales, políticos y empresariales, van a moldear sus procesos económicos y sociales. Esto lo habrán de hacer en diálogo con la gente de la tierra, en un espíritu de colaboración y de corresponsabilidad, y de acuerdo al marco internacional de derechos de los pueblos y sus territorios, el cual Chile debe acostumbrarse a aceptar para un buen vivir colectivo.

La crisis civilizatoria en la que nos encontramos, producto de la conducta esquizofrénica del Homo economicus, ha llegado a su quiebre definitivo. No queda más que aceptar de una vez por todas el rotundo fracaso del modelo extractivista impuesto desde que la corona española adquirió los permisos divinos para invadir, sojuzgar y tomar a perpetuidad tierras y habitantes en la ‘Nueva España’ mediante las bulas papales: Romanus Pontifex (1455) emitida por el Papa Nicholas V, e Inter Caetera (1493) emitida por el Papa Alexander I.

Durante el Quinto Sol Mesoamericano, se vivió un ‘eclipse’ de 520 años entre los años Otomi-toltecas llamados 13 Carrizo, que ocurrieron en 1492 y en 2012. Fue un tiempo tumultuoso, con exterminios y destrucciones jamás imaginados. Hace precisamente ocho años –el 11 de diciembre de 2012, en día 4 Temblor de Tierra– que se dio la culminación de ese tiempo. El nuevo amanecer se anuncia para los pueblos que resistieron y desarrollaron gran resiliencia a través de los siglos.

En el Wallmapu, cada 375 años que se da un eclipse total. De alguna manera, también estuvo eclipsado este territorio por todo aquel ciclo. Ahora, con este lan antü o eclipse, donde la Ñuke Mapu impone su carácter recio y omnipresente, ella y todas las mujeres y hombres sabios ponen en su lugar a la mente terca que insiste en ir contra los principios de la naturaleza.

Ha llegado el tiempo de aceptar que somos insignificante polvo de estrellas en una galaxia de pulsares, titilando al ritmo de sus micro-ciclos. Tenemos mucho que aprender de la gente de la tierra y muchísimo que desaprender y desechar de la sociedad individualista, egoísta y manipuladora que cayó en el juego del valiente dominador. Nuestros jóvenes ya han comprendido esto y están poniendo al servicio de la Madre Tierra, de sus bosques, desiertos, ríos y mares y de la gente que practica el buen vivir, sus capacidades creativas en un afán por crear procesos colectivos de regeneración y revitalización. Gracias gracias gracias. Estaremos acompañando de cerca en este nuevo amanecer.

Para leer más:

Tres preguntas a María Lara Millapán para entender el eclipse desde la mirada Mapuche

Manifiesto por el buen vivir

La fiesta mexica de encendido del Fuego Nuevo o toxiuh molpilia se celebraba a la medianoche de un día de la veintena Quecholli cada 52 años, cuando corría el año ‘2 Ácatl’. En el barrio de Copolco en Tenochtitlán un sacerdote mexica realizaba aquel acto ritual para conmemorar la primera ocasión en que dicho fuego se encendió por parte de Mixcóatl. ¿Bajo qué circunstancias se había encendido aquel primer fuego? En la Historia de los mexicanos por sus pinturas hay un pasaje sobre el gran diluvio, cuando el cielo pareció desplomarse sobre la tierra y el Sol cayó a las aguas. Ahí se narra cómo se dio la restauración del mundo, destacando lo siguiente: 

En el segundo año después del dilubio, que era Acatl, Tezcatlipuco dexó el nombre y se le mudó en Mixcóatl, que quiere decir “Culebra de nieve”, y ansí los que por este nombre le tenían por dios le pintavan como culebra. Y quiso en este año hazer fiesta a los dioses, y para eso sacó lumbre de los palos que lo acostumbraban sacar, y fue el principio del sacar fuego de los pedernales, que son unos palos que tienen coraçón; y sacado el fuego, fue la fiesta hazer muchos y grandes fuegos (Historia de los Mexicanos… Cap. VI, p. 36). 

Gracias a este pasaje y a otro que veremos a continuación, Gabriel Kruell (en Estudios Mesoamericanos, julio-diciembre 2012) ofrece elementos muy acertados para intentar dar con la fecha solar o del calendario gregoriano de tan importante evento. Pero después de presentar las piezas claves e intentar aplicar la correlación de Rafael Tena y la de Alfonso Caso [ver nota 1] no logra ofrecer una resolución definitiva. En este breve texto muestro la manera en que responde la correlación propuesta desde 2013 (Patrick Encina) en miras de contribuir a resolver el enigma sobre la fecha precisa del encendido de Fuego Nuevo mexica en 2 Ácatl.

El héroe de aquella fiesta de Fuego Nuevo fue Mixcóatl, quien era además la principal deidad de los cazadores de aves migratorias provenientes del norte. Su manifestación se daba (y se da) en el tiempo de noviembre cuando normalmente caen las primeras nevadas sobre las cumbres del Altiplano Central Mexicano. El nombre de la veintena para este tiempo es Quecholli, la cual transcurre del 19 de noviembre al 8 de diciembre –de acuerdo con la propuesta de la autora (ver convertidor aquí publicado); y la deidad que se pinta para la veintena Quecholli en códices como el Telleriano-Remensis o el Vaticano A es precisamente Mixcóatl con su indumentaria para la caza de aves (Figura 1). Es debido a ello que autores como Tena (2008) han sugerido que el encendido del Fuego Nuevo pudo darse aquel 2 Ácatl en la veintena Quecholli en un 17 de noviembre y un día 8 Cipactli del Tonalpohualli, mientras que Johanna Broda, que sigue a Franz Tichy y a Sahagún, propone que el evento se dio en un 16 de noviembre en días finales de Quecholli o iniciales de la veintena siguiente. Por su parte, Rafael Tena (1959) da un rango de Quecholli para 1507 del 30 de octubre al 18 de noviembre [ver nota 1] y Kruell (2012) lo utiliza para comentar que 4 Ollin se dió en 2 de noviembre de ese año.

El problema con las tres propuestas es que ninguna logra calzar Quecholli con el tiempo de mediados a finales de noviembre y con un día 4 Ollin, algo que, como veremos a continuación, es un requisito indispensable por ser ésta la fecha para honrar a Mamalhuaztli (Gabriel Kruell 2012).

La constelación del Mamalhuaztli (que en náhuatl significa ‘palo con que se saca lumbre’ y convencionalmente está asociada al cinturón y la espada de Orión), está muy cerca de las Pléyades o Siete Cabrillas (Miec, ‘montón’) y de Géminis (Tianquiliztli, ‘mercado’). Se sabe por un registro de Sahagún que estas tres se observaban en el cenit a la medianoche de un día de Quecholli del año 2 Ácatl, honrándose la presencia de Mamalhuaztli en la fecha 4 Ollin o 4 Movimiento. Estas condiciones eran lo que hacía de éste el momento idóneo para encender el Fuego Nuevo cada 52 años. Con ello y con las ceremonias correspondientes que se realizaban en Culhuacán, se aseguraba que el mundo se mantendría en orden por otro ciclo más.

Figura 1. Mixcóatl. Su imagen aparece en el Códice Telleriano-Remesis para la veintena Quecholli, que transcurre del 19 noviembre al 8 de diciembre.

De acuerdo con Gabriel Kruell (2012), la constelación del Mamalhuaztli era considerada ‘Yohualteuctli‘, Señor de la Noche, a quien se le dedicaba una fiesta en día nahui Ollin, 4 Ollin o 4 Movimiento, tal como cuando se hacía fiesta al Sol [nota 2]. En efecto, Sahagún reporta que “La fiesta deste Yoaltecuhtli caía y se celebraba en el signo que se llama nahui ollin… Cuatro días ayunaban antes desta fiesta, y el mediodía desta fiesta tocaban los caracoles y pitos y trompetas, etc.” (Sahagún, Historia General, vol. I, Libro II, apéndice, p.197).

Y continúa Sahagún:

Venida aquella noche en que había de hacer y tomar lumbre nueva, todos tenían muy gran miedo y estaban esperando con mucho temor lo que acontecería. Porque decían y tenían esta fábula o creencia entre sí: que si no se pudiese sacar lumbre que habría fin del linaje humano, y que aquella noche y aquellas tinieblas serán perpetuas, y que el Sol no tornaría a nacer o salir; y que de arriba vendrán y descenderán los tzitzimiles, que eran unas figuras feísimas y terribles, y que comerán a los hombres y mujeres (Sahagún, Historia General… vol.II, libro VII, cap.10, p. 490).

Dichos seres temibles no son sino los fuertes fríos y las tormentas de nieve que podían descender si no se aseguraba un gran fuego renovado, encendido de manos de un sacerdote que personificara al propio Mixcóatl.

El día 4 Ollin para el Año 2 Acatl en la veintena Quecholli se dio, de acuerdo con la correlación para el calendario mexica presentada por la autora, el 26 de noviembre de 1507 (Figura 2), y tal fecha se repite todos los años separados por 52 años, hacia atrás y hacia adelante. 

Figura 2. Fecha mexica 4 Ollin de 8 Quecholli, en año 2 Carrizo, que corresponde al 26 de noviembre de 1507 dC. Es la fecha en que Moctezuma encendió Fuego Nuevo.
Figura 2b. Cielo sobre Tenochtitlan a la medianoche del 26 de noviembre de 1507 (16 de noviembre en el sistema juliano que emplea el programa astronómico Starry Night/Meade)

A la medianoche de aquella fecha 4 Ollin 8 Quecholli del año 2 Ácatl, el cosmograma que se buscaba en el centro de la jícara celeste en Tenochtitlan consistía en el Mamalhuaztli (la espada y el cinturón de Orión), Miec (‘el puñado de estrellas’, las Pléyades, en la imagen, está a la izquierda del cenit) y Tianquiliztli (‘el mercado,’ posiblemente formado con las cuatro estrellas brillantes de Géminis, bajo el arco de la Vía Láctea). Estas se apreciaron bien el 26 de noviembre de 1507 (el 16 de noviembre juliano) precisamente durante la medianoche.

Pero con esto no se logra comprender todo sobre los encendidos del Fuego Nuevo, pues sabemos que aparte de tenerse el año 2 Carrizo, también se manejó el año 1 Conejo, como señalan varias crónicas coloniales tempranas. Lo curioso es que además se venían manejando 1 Carrizo y 1 Pedernal para el mismo tipo de celebración de Fuego Nuevo. ¿Cómo así? Si ya se venían dando aquellas ceremonias incluso antes de la fundación de Tenochtitlán por los mexica, ¿quiénes habían sido los responsables de llevar las cuentas de ataduras de años hasta entonces, y en qué regiones?

Desde unos mil años antes de 1507 las ataduras de 52 años y los fuegos nuevos se habían venido celebrando en año 1 Conejo. Pero aquí viene lo interesante: considerando que aquella tradición fue practicada en Xochicalco, no pudo estar basado en un sistema calendárico mexica. Por lo tanto, el calendario de referencia para señalar aquellas ceremonias en 1 Conejo debió haber sido el hñahñu-otomí. Me baso en esta suposición en la ubicación geográfica de Xochicalco y en el periodo de su auge (del siglo VII al X). Es por ello que planteo que, el tan aludido año de Fuego Nuevo ‘1 Conejo’ forma parte de la estructura de años otomí y no mexica.

Algo destacable es que el día del ciclo de 260 días para el Fuego Nuevo en el año 1 Conejo era 2 Culebra. Esto lo sabemos por el registro en la piedra encontrada en Xochicalco y que hoy se resguarda en el Palacio de Cortés en Cuernavaca, Morelos (mostrada por Morante López (2019), ver Figura 3).

Figura 3. Piedra de Xochicalco, con fecha de Fuego Nuevo celebrada en el año otomí 1 Conejo (glifo de abajo) día 2 Serpiente (glifo de arriba), correspondiente al 9 de diciembre de 686 dC. Imagen tomada de Rubén Morante López, en Anales de Antropología 53-1(2019):75-88.

Si buscamos aquella fecha de atadura de años y celebración de Fuego Nuevo en el registro otomí para la segunda mitad del siglo VII (cuando se sabe que el sitio estuvo activo), resulta que cayó el 9 de diciembre del año 1 Conejo en 686 dC, ver Figura 4. Dicha celebración cada 52 años debió ser importante entre los señoríos otomíes que se extendían en todo el altiplano central mexicano, y definitivamente se basaba en su propia historia sobre la llegada de su deidad, la misma que luego fue llamada ‘Mixcóatl’ por los mexica. El que el Fuego Nuevo fuera encendido por la versión otomí de Mixcóatl es evidente en el hecho de que la veintena otomí que corre en torno al 9 de diciembre es ‘Antzhoni’, donde la deidad que la rige es el mismo héroe cazador de aves que llega junto con ellas y las nieves del norte (Figura 4).

A primera vista, la relevancia de aquella fecha 9 de diciembre en el año otomí ‘1 Conejo’ parece darse en cuanto a su coordinación con la fecha 11 de diciembre que ocurre 26 años después, en el año otomí ‘1 Pedernal’. En efecto, en 11 de diciembre y cada 52 años en el año ‘1 Pedernal’ otomí, el día era 4 Movimiento [ver nota 2]. Aquél era un día de connotación especial por marcar el Cierre del Quinto Sol, tal como está plasmado en la Piedra del Sol, un monolito que he planteado es de diseño, labrado y contenido calendárico otomí-tolteca. Este planteamiento ha sido publicado en este mismo blog hace varios años.

Resulta muy sugerente que haya una fuerte concordancia de fechas para el cierre de grandes ciclos otomíes en el mes de diciembre (9 y 11 de diciembre). Todo sugiere que los otomíes estaban atentos al tiempo de las heladas y a la necesidad de ofrecer fuego para apaciguar a los tizimines. Además, el hecho de que celebraran Fuego Nuevo en 1 Conejo y en 1 Pedernal, tiempos separados por 26 años o mitad de un xiuhmolpilli de 52 años, es algo significativo.

Figura 4. Fecha 1 Conejo día 2 Culebra en el calendario Otomí, que corresponde al 9 de diciembre de 686dC.

Siempre se ha pensado que el cambio de año para realizar la ceremonia de encendido de Fuego Nuevo– es decir, de ‘1 Conejo’ al año ‘2 Carrizo’ –fue una cuestión práctica realizada dentro de la cuenta de años mexica: que simplemente cuando fue año 1 Conejo se esperó al año siguiente 2 Carrizo para hacer el Fuego Nuevo. Pero aquí vemos que el año 1 Conejo correspondía al sistema de años otomí, y puesto que para los mexica no era de interés político el emplear ese sistema calendárico, la solución para perpetuar una ceremonia en su propia estructura consistió en escoger una fecha que cumpliera con al menos los siguientes requisitos:

a) que el año a escoger fuera armónico con el ya conocido ‘1 Conejo’ otomí para los encendidos de Fuego Nuevo, aunque en esta ocasión 1 Conejo tenía que darse en el sistema de años mexica.

b) que la fecha para el encendido del Fuego Nuevo sucediera en la misma temporada del año en que se había sucedido el fuego en la tradición otomí de Xochicalco, es decir, en la veintena Quecholli, pero una trecena antes, para distinguirse de aquella tradición.

c) que el día dentro de Quecholli fuera 4 Ollin por las connotaciones tan especiales que tenía ese día en cuanto al final y principio de grandes ciclos.

Aquí hay que notar la implicación ritual de 4 Ollin, ya que pone de manifiesto la necesidad de generar movimiento desde y hacia los cuatro rumbos. En su tesis doctoral, Astorga Poblete (2015:160) observa que en el mapa de Culhuacán–que fue el epicentro del Fuego Nuevo mexica–el tlacuilo enfatizó precisamente la “circulación del tributo entre los calpolli y el altépetl, donde se seguía un orden dado por la antigüedad de los calpolli y las [cuatro] direcciones cardinales.” Continúa diciendo que “la inclusión del cerro de Iztapalapa [en el mapa] es el recordatorio del gran movimiento que significa el ciclo solar de 52 años, el cual fundamenta la existencia del universo indígena y su composición espacial y temporal.”

Todos estos requisitos para una fecha de Fuego Nuevo netamente mexica se cumplen en el año 2 Carrizo o 2 Ácatl (ver Figura 5), en el día 4 Ollin de 8 Quecholli, que en tiempos de Moctezuma aconteció el 26 de noviembre de 1507. Es importante notar que el 26 de noviembre está trece días antes del 9 de diciembre, fecha escogida por los otomíes de Xochicalco para su celebración de Fuego Nuevo en años otomíes 1 Conejo. A su vez, esta fecha está a trece días del 22 de diciembre, fecha que, como veremos a continuación, fue elegida por los toltecas de Tula para su propia celebración de Toxiuh molpilia, en año otomí 1 Carrizo.

En 1951, el arqueólogo especialista en Tula (Tula, Hidalgo) Köer Mohedano, reportó el hallazgo de un Xiuhmolpilli, un cilindro tallado en basalto que representa un atado de cañas con cuerdas en los extremos que representa el cierre del ciclo de 52 años. En ella aparece una araña suspendida sobre la cabeza de una deidad con la mandíbula descarnada, dos borlas de pluma de águila colgando de su cabello, una orejera de franjas rectas, un  collar con tres piezas circulares, un cabello rizo con banderitas de muerte, y delante de su boca, un signo fluido bifurcado.

Figura 5. Piedra tolteca commemorativa de un de Fuego Nuevo o toxiuh molpilia en la mitad de año solar o un solsticio de invierno conocido como Tonalco. Aparece el signo de la veintena conocida entre los mexica como Panquetzaliztli y el signo en cuadrete para el año 1 Carrizo. Debido a su origen tolteca la lectura debe hacerse sobre el sistema calendárico otomi, obteniéndose para el 21 de diciembre de 907, 7 Anthaxme del año 1 Anxithi (1 Carrizo) y el día 1 Amadahi (1 Viento), ver Figura 6. Se localiza en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Foto de Gabriel Kruell (2012).

Todos los elementos de la deidad son signos diagnósticos de Citlalinicue, tal como aparece en el Códice Borbónico, 1979:3-20 (citado y mostrado por Aguilera, 2010, vol. II:241). También Milbrath (2013:78) la identifica en el Borbónico como Citlalinicue: es la deidad que emerge de la Vía Láctea en la página 30 del Códice Borgia. Su rasgo diagnóstico es el signo fluido que sale de su boca. Su ojo, como el de la cara en la piedra labrada, no es de muerte. Citlalinicue es el aspecto femenino de la Vía Láctea y junto con su esposo, Citlalatona (a quien Milbrath (2013:78) identifica en la p.29 del Códice Borgia), fueron venerados antes de tiempos toltecas, ya que representaban la Vía Láctea en los cielos claros del invierno, cuando ésta se ve bifurcada y puede interpretarse como dos serpientes de nubes. Citlalinicue/Cihuacóatl es la representación tolteca de la Vía Láctea, la cual creó al Sol, a las estrellas, a la Luna y a los dioses que crearon a los hombres (Histoire du Mechique, 2002:155, citado por Aguilera, 2010, vol. II:246). Su aparición sucede en el cielo de diciembre.

Delante de la deidad en el Xiuhmolpilli hay una bandera que representa la veintena que en el calendario mexica se llama Panquetzaliztli. Debajo de la Citlalinicue aparece un cuadrete de año con el signo 1 Carrizo. Como este Xiuhmolpilli proviene de Tula, Mohedano hace notar que el registro de año es en el estilo ‘mixteco-tolteca’. De acuerdo con mis estudios, dicho estilo es equivalente al sistema calendárico otomí; en efecto, la sociedad hñahñu-otomí abarcó de costa a costa del Altiplano Central Mexicano y se desarrolló en todos los ámbitos del conocimiento, de las artes y las ciencias por varios milenios.

Con base en lo anterior, y sabiendo que para los toltecas la muerte de un ciclo de 52 años requería de una ceremonia en el solsticio de invierno o Tonalco, se puede recuperar la fecha exacta para el tiempo de presencia de Ce Acatl Topiltzin en Tula: se trata del 21 de diciembre de 959 dC (Figura 6). Vemos que la fecha fue 1 Viento, día alusivo al Quetzalcóatl original (nacido en 9 Viento) que era venerado en Xochicalco donde Ce Acatl Topiltzin estudió antes de llegar a Tula. Como se aprecia en un vaso tolteca polícromo exhibido en el museo de Tula, el encendido de un Fuego Nuevo estuvo a cargo de Quetzalcóatl–posiblemente Ce Acatl Topiltzin personificando a Quetzalcóatl. Lo interesante es que el día siguiente, 22 de diciembre, fue 2 Calli. Esta fecha está ubicada una trecena después del 9 de diciembre (fecha elegida por los otomíes de Xochicalco). Por su parte, el 26 de noviembre elegida por los mexica está dos trecenas antes del 22 de diciembre. Esto no puede ser casualidad.

Figura 6. Fecha otomí para el 21 de diciembre de 959 dC, en año otomí-tolteca 1 Carrizo y veintena Anthaxmé (equivalente a la veintena Panquetzaliztli nahua-mexica que se manejaría después de su fundación de Tenochtitlan, en 1325 dC). El año y la veintena fueron talladas en una piedra de basalto por toltecas de Tula (ver Figura 5), para un toxiuh molpilia posiblemente celebrado en el solsticio del 21 de diciembre de 959 dC. La fecha completa fue 7 Anthaxme del año 1 Anxithi, en el día 1 Amadähi (1 Viento), aludiendo a la deidad 9 Viento K’eya Maxi (cuyo nombre nahua fue Quetzalcóatl). 

A primera vista considero que la razón de por qué los mexica adelantaron al 26 de noviembre su fiesta de Fuego Nuevo a comparación de las fechas 9 de diciembre (una trecena después) y 22 de diciembre (dos trecenas después) era primordialmente política y económica. El Códice Telleriano-Remensis, dice que, “como era muy trabajoso celebrar en años 1 Conejo, Moctezuma lo mudó al 2 Carrizo”.

Figura 7. Códice Mendoza, porción inferior del folio 2 recto, donde se muestra el encendido de fuego nuevo en año 2 Ácatl y se insinúa ‘4 movimiento’ en las cuatro vírgulas de humo alrededor del palo o mamalhuaztli. Imagen tomada de Wikimedia Commons, File: Codex Mendoza folio 2r.jpg.

Veintiséis años después de la fundación de Tenochtitlán en el año mexica 2 Casa en 1325, siendo 1351, llegó el año mexica 2 Carrizo (2 Ácatl), que fue cuando se hizo la primera atadura de 52 años allá en Tenochtitlán. Desde entonces, cada 52 años –y mientras se pudo, hasta 1507– las ceremonias de Fuego Nuevo se realizaron en 26 de noviembre, día 4 Ollin, de la veintena 8 Quecholli, en los años 2 Ácatl. En tal encuadre se tuvo a Yohualteuctli en el centro de la celebración, una fiesta en movimiento desde y hacia los cuatro rumbos, con un fuego nuevo tanto en el corazón del Cielo como en el corazón de la Tierra.

Lo anterior sugiere que los mexica-azteca no deseaban perpetuar una celebración al estilo otomí-tolteca (en 22 de diciembre de años 1 Carrizo otomí) o al estilo otomí de Xochicalco (en 9 de diciembre en años 1 Conejo otomí) si querían asegurar la fuerza y presencia de su imperio. Pero tanto el Códice Borbónico como el Borgia nos muestran una fiesta de Fuego Nuevo en Panquetzaliztli, o sea, en diciembre. Ambos registros calendáricos comienzan los años en la veintena Izcalli, una tradición que es netamente mexica; y sin embargo, muestran que la fiesta de Fuego Nuevo la están realizando en Panquetzaliztli. En la p.46 del Borgia –que he propuesto se refiere a la veintena Panquetzaliztli–, se ve a Camaxtli muerto haciendo un Fuego Nuevo sobre una Cipactli de la cual emerge una Cihuacóatl, mientras Quetzalcóatl observa la ceremonia (Figura 7).

Figura 7. Página 46 del Códice Borgia mostrando a Camaxtli muerto usando un palo barrenador sobre el corazón de una Cipactli de cuyas fauces sale una Cihuacóatl. Imagen de archivo digital de Francisco Rivas.

El Códice Borbónico, p.34, muestra esta ceremonia realizándose en la cima del Cerro de la Estrella de Iztapalapa en la veintena Panquetzaliztli y el año 2 Carrizo (figuras 8 y 9).

Figura 8. Ceremonia de Fuego Nuevo en el Cerro de la Estrella en Iztapalapa, en la veintena Panquetzaliztli, en el año 2 Carrizo. Códice Borbónico, p.34. Imagen de archivo digital de Francisco Rivas.
Figura 9. Fecha de celebración de Fuego Nuevo mexica sugerida en los códices Borbónico y Borgia, correspondiente a 4 Calli 14 Panquetzaliztli del año 2 Ácatl, dos trecenas después de 4 o Nahui Ollin 8 Quecholli, año 2 Ácatl.

Estas condiciones nos obligan a aceptar que los mexica manejaron dos fechas separadas por dos trecenas dentro del mismo año mexica 2 Carrizo: 4 Ollin 8 Quecholli o 26 de noviembre y la fecha 4 Calli 14 Panquetzaliztli o 22 de diciembre, ambas en 1507 y en años 2 Carrizo anteriores. La denominación 4 Calli (4 Casas) definitivamente brindaba buenos augurios, ya que siempre se subdivididó el espacio en cuatro secciones en coordinación con los cuatro rumbos cósmicos y los cuatro calpolli que ya se mencionaron arriba para Culhuacán.

Por todo lo anterior considero que, si bien la fiesta mexica más destacada en las crónicas de Sahagún fue aquella en 8 Quecholli del año 2 Ácatl en 26 de noviembre, la que sucedía dos trecenas después, el 22 de diciembre, formó parte de la misma narrativa de la llegada de los fuertes fríos (representados por los tzitzimine que descenderían por telarañas) y de la necesidad de regenerar un fuego por un ciclo de 52 años, y por lo tanto ambas deben de integrarse en un mismo complejo ritual.

Además, está claro que los ciclos de 52 años se traslaparon entre tradiciones contemporáneas, como en el caso de Xochicalco (celebrando en años al estilo otomí 1 Conejo) y Tula (en años al estilo otomí 1 Carrizo), donde 1 Carrizo está trece años después de 1 Conejo. Hay que considerar además que “los de Tlaxcala” (también otomíes) celebraban Fuego Nuevo en año otomí 1 Pedernal (trece años después de 1 Carrizo), algo que tal vez sucedió por última vez en 1492, en 4 Movimiento (11 de diciembre) precisamente como lo marca la Piedra del Sol, misma que mostraba el proyecto otomí de realizar en una ceremonia de terminación de un Sol o Era de 1040 años en el año otomí 2012, en el día 4 Movimiento, también en 11 de diciembre.

Los mexica, con su inicio en 2 Carrizo dentro del ciclo de trece años 1 Conejo, celebraron su Fuego Nuevo once años antes de la trecena 1 Conejo otomí (ver nota 3). Tal parece que había una obsesión por realizar ceremonias “antes que” los otomíes, pues como he mostrado, el año mexica se diseñó para comenzar “antes que” el otomí que ya existía desde mucho antes que llegaran los mexica al territorio originalmente otomí: mientras el año otomí comienza el 29 de marzo en Antzayo (equivalente a Tlacaxipehualiztli), el mexica comienza 5+40 días antes, el 12 de febrero en Izcalli. Y como hemos visto aquí, su Fuego Nuevo se hizo de tal modo que se adelantara con respecto a los de Xochicalco y de Tula. Esto tiene implicaciones políticas y económicas muy interesantes, ya que sabemos de los enormes tributos que los pueblos otomianos debían preparar para entregar a los tlatoani mexica justamente en tiempo de Fuego Nuevo, y luego cada año en Izcalli. Esta fiesta de Izcalli permeó tan fuertemente en el pueblo mexicano de la región otomí-mexica que hasta el día de hoy la vemos celebrada en el 2 de febrero de la Candelaria–fecha congelada sobre el calendario juliano que equivale al 12 de febrero gregoriano. Sin duda, el pueblo mexicano ha perpetuado muchísimas tradiciones originales. Ha llegado el tiempo de que las comprenda a cabalidad. Este escrito es un aporte para el arduo proceso de recuperación de la historia mexicana original.

[nota 1] Gabriel Kruell, “Las horas en la vida cotidiana de los antiguos nahuas”. En Estudios Mesoamericanos, Año 7, Número 13, julio-diciembre 2012. Rafael Tena propone que la primera veintena se daba el 23 de febrero en Atlcahualo. Ver El Calendario Mexica y la Cronografía, 2a reimpresión, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2008. Además ver Johanna Broda, quien propone que la primera veintena se daba en Atlcahualo el 12 de febrero y que de alguna manera se mantuvo fija respecto al sol: “La fiesta azteca del Fuego Nuevo y el culto de las Pléyades”, en Franz Tichy, Space and Time in the Cosmovision of MesoaméricaLateinamerika Studien 10, München, Wilhem Fink Verlag, 1982, pp.129-157. Ver Alfonso Caso, quien propone que la primera veintena se daba en Izcalli, pero que las fechas solares van atrasándose, por lo que hacia 1507 Izcalli iniciaba el 23 de enero, y Quecholli comenzaba el 30 de octubre: “Nuevos datos para la correlación de los años aztecas y cristianos”, en Estudios de Cultura Náhuatl, No.1, 1959. En mi propuesta Izcalli es la primera veintena del año mexica y siempre comienza el 12 de febrero, por lo que Quecholli se da del 19 de noviembre al 8 de diciembre.

[nota 2] El ciclo ritual es el de 260 días que se denomina Tonalpohualli entre los mexica-nahuas y cuyo nombre en hñahñu-otomí no se tiene a la mano. Sabemos, por la Piedra del Sol, que la fiesta 4 Movimiento se realizaba cada 52 años en el año otomí llamado 1 Pedernal, mismo que para los mexica correspondía al año 13 Pedernal. Fray Diego de Durán (en Historia de las indias de la nueva España e islas de la tierra firme. “El Calendario Antiguo”. Elaborado entre 1578 y 1579) refiere que en la tierra de Tlaxcala (territorio yumu, ñuhmu u otomí) los guerreros Águila y Jaguar realizaban una ceremonia en Nahui Ollin (4 Movimiento) que caía “a 17 de marzo y 2 de diciembre”, fechas julianas a las que se le han de sumar 9 días por corresponder a registros históricos del siglo XV. Esas fechas son 26 de marzo y 11 de diciembre en el calendario gregoriano: la primera cayó en el día 2 Dupa del año otomí 13 Carrizo y la segunda al cierre de Antzhoni, en el año otomí 1 Pedernal. (Ver escrito sobre la Piedra del Sol en este sitio.)

[nota 3] Puestas en paralelo, las cuentas otomi y mexica van de la siguiente manera:

El comienzo del ciclo de trece años desde 1 Tochtli (1 Conejo en mexica) aparece marcado en rojo. Le sigue 2 Acatl (2 Carrizo en rojo). Avanzar contando a través de 3 Técpatl – 4 Calli – 5 Tochtli – 6 Acatl – 7 Técpatl – 8 Calli – 9 Tochtli – 10 Acatl – 11 Técpatl – 12 Calli – 13 Tochtli. En ese año los otomíes están celebrando 1 Anqua (1 Conejo en azul). Han transcurrido once años. Por eso, la celebración mexica de Fuego Nuevo en 2 Carrizo estaba adelantada por once años con respecto a la celebración original otomí en 1 Conejo.

EL COMIENZO DEL AÑO MAYA EN YUCATÁN es en 11 Kawak 2 Poop, el 15 DE AGOSTO 2020

En la versión del Periodo Clásico y Posclásico este año comienza dos k’iines o días antes, en 9 Kaban 0 Poop, el 13 de agosto 2020.

En la Península de Yucatán hemos identificado el Ja’ab original desde el 2013. Este calendario bien sincronizado con el Ja’ab empleado por los Itzá hasta casi 1700 y también concuerda con los compendios de Juan Pio Pérez del Libro del Chilam Balam de Kaua, ricamente documentado.

El Tsoolk’iin o ciclo sagrado de 260 días que es empleado para hacer pronósticos, avanza de forma sincronizada con el Tonalpohualli del centro de México y el Cholq’ij K’iche de Guatemala, en sus versiones originales.

La principal característica de este Ja’ab de la tradición Mayapán en Yucatán es que inicia en 2 Poop, mientras que, en los tiempos del Clásico temprano hasta el terminal, se iniciaba en 0 Poop, igual que lo hicieron los Itzá hasta 1700.

Las fiestas a la Virgen de la Asunción en 15 de agosto asociadas al cambio del Ah Cuch Ja’ab o Cargador del Año son un reflejo de la memoria ancestral sobre la real fecha del comienzo del Ja’ab. 

El Ja’ab original se ha recuperado gracias a la reincorporación de los Ah Cuch Ja’ab o Cargadores de Año en su legítimo cargo. Ellos han de contar los k’in como se hizo originalmente, es decir: según sea su rumbo, respetan la hora del Sol. El cambio de hora para contar los k’ines fue recalcado por un Mayor durante una reunión de Ajq’ijab’ en 2012, según reportó Mateo Ajualip de Cubulco, Baja Verapaz, a la Dra. Patrick Encina en 2016. Gracias a esto, se confirma la propuesta publicada en la Revista Digital de la UNAM en 2013 que:

Muluc en el rumbo oriente cuenta los k’in al amanecer

Ix en el rumbo norte cuenta los k’in al mediodía

Kawak en el rumbo poniente cuenta los k’in al atardecer

Kan en el sur cuenta los k’in a la medianoche

Los ‘cuatro cuartos de días’ rituales lograban ‘ocupar’ el espacio del día bisiesto o 29 de febrero, de modo que contando 365 k’ines desde cuatro momentos distintos se logró mantener al calendario en sincronía con el Sol.

El 26 de julio registrado por Fray Diego de Landa en 1553 fue retransmitido en todos los libros sagrados mayas de la Península de Yucatán y Guatemala. Pero esa ceremonia que él presenció en Chichén Itzá y a la cual no tuvo acceso fue una fiesta en vísperas del aniversario de la Creación, que fue en 4 Ajaw 8 Kumk’u, el 27 de julio de 3117aC, como nos informan:

-La p.51a del Códice guardado en Dresde, Alemania-

-El Pasaje 4 del Tablero de la Cruz, Palenque

-La Estela 1 de Cobá, en Yucatán.

Ese día Venus y la Luna estaban sumergidos en las aguas primordiales y, al transcurrir una novena, emergieron de las aguas por el poniente al atardecer del día 12 Lamat (12 Estrella). Cuando se completó 13 Bak’tun se dio el mismo evento Venus-Luna que en la Creación. La fecha fue el 3 de mayo de 2013, en 4 Ajaw 3 K’ank’iin.

Granado Baeza, cura de Yaxcabá (1813) describe una ceremonia realizada por dos autoridades ceremoniales: tiich, o misa milpera, en la cual se ofrecía guajolote, Báalché de Pitarrilla y Yax Há y se regaba agua virgen a las cuatro esquinas para asegurar que regresaran las lluvias después de la Canícula de calor y secas. La ceremonia incluía la instalación de los cuatro Pawahtunes, y concluía con la Asunción de la Virgen Santísima (15 agosto). Hecho esto se podían cortar los primeros elotes. La estructura de esta ceremonia es idéntica a la que se registra en los códices mayas, llamados según dónde se resguardan, Madrid y Dresde.

Los winales existen para estar en sincronía con el Sol y van indicando la temporada del año en la que vivimos. Por eso será necesario sintonizarnos con el Ja’ab’ original. Los estudios de las versiones originales ya se han hecho y están disponibles para quienes deseen estudiar y sacar sus propias conclusiones.

Le invito a consultar esta página de Convertidor de Fechas para el calendario Maya, el calendario Otomí y el Mexica. Ahí puede hacer una Donación para apoyar este trabajo de investigación.

Puede descargar el archivo del Ja’ab en el siguiente link.

JA’AB 13-15 ago 2020-2021 kaban-kawak

Si usted quiere disfrutar vivir de acuerdo al calendario de sus ancestros Hñahñu-Otomi, descargue este archivo en PDF (más abajo).

Para apoyar el laborioso trabajo de la autora, vaya a esta página y haga una donación que represente el valor que usted le da a este calendario.

Calendario Hnahnu-Mexica

Si gusta una descripción detallada de cada veintena, favor de solicitarla a la autora al siguiente correo: damixiahau@gmail.com.

Este calendario es resultado de una investigación exhaustiva desde 2002, desde la perspectiva de la Etnoecología y la Astronomía Cultural. Si desea conocer los escritos puede acceder a Academia.edu. Puede abrir una cuenta sin costo y buscar Geraldine Ann Patrick Encina.

Calendario Otomi Mexica 2020-2021

Puede imprimir estas cuatro páginas en hojas gruesas tamaño 11 x 17 inches.

El Nuevo Año para el pueblo Hñahñu-Otomi comienza cada 29 de marzo. Durante los cinco días anteriores se viven los Dupa o “días muertos”, lo cual se refiere a los días en que el fogón, “da tzibi”, permanece apagado. En estos cinco días originalmente se practicaba el ayuno y no se hacían ninguna de las actividades rutinarias del hogar. Mindahi Bastida comenta que “en la casa de mis abuelos, durante cinco días, no podíamos cantar ni escuchar música, ni bailar ni jugar; tampoco se barría la casa ni el patio. Guardábamos ayuno hasta después de mediodía, y sólo comíamos poco, cosas sin guisar, y tomábamos sólo agua.”

En el volumen 2 de la Historia de las Indias de Nueva España y Islas de Tierra Firme de Fray Diego Durán, el autor refiere, para la veintena que iniciaba el 29 de marzo*, que se practicaba algo muy parecido a lo que se hace en tiempo de Semana Santa. Esto lo supo de parte de una sacerdotiza, probablemente de origen Hñahñu de Tlaxcala, quien fue a visitar al fraile dominico para explicarle que en su tradición se realizaban ceremonias alrededor de las mismas fechas.

Abuelo Fuego

“Esta fiesta era solemnísima y de mucha autoridad, tanto y más que la Pascua florida agora entre los cristianos… yo oí decir a una india vieja que me la trajeron por sabia en la ley que debía de haber sido Sacerdotiza que también ellos tenían Pascua de resurrección y de natividad como nosotros y en el mismo tiempo que nosotros y Corpus-Cristi, y señalo otras fiestas principalísimas que nosotros celebramos”. (Durán, p.273, edición de 1880).

La razón de tal coincidencia en fiestas y ceremonias yace en el hecho de que las fechas se escogieron con base en observaciones solares y lunares en la misma franja del hemisferio norte. De ahí que, por ejemplo, el paso cenital del centro de México entre el 17 y 19 de mayo –cuando han de iniciar las lluvias– se asocie a la fecha de San Isidro Labrador. Además, el equinoccio de marzo se observó especialmente entre los Hñahñu, escogiéndose al 23 de marzo –que es el punto central entre los dos solsticios– como el día de cierre de los 360 días vivos, es decir, los días del Abuelo Fuego vivo (Huehuetéotl en idioma Náhuatl). Entre el 24 y el 28 de marzo transcurren los 5 días muertos, Dupa. Tras haberle dejado descansar, la abuela o madre del hogar celebra el regreso del Abuelo Fuego y la oportunidad de disfrutar de su calor y compañía nuevamente. Esta bienvenida se celebraba por los antiguos abuelos y las abuelas cada 29 de marzo, fecha marcada en la pirámide de Cuicuilco y en varias otras en Tlaxcala.

Acambay Sacred Fire

Hoy en día los pueblos otomíes celebran el Fuego Nuevo el 19 de marzo. Luego de tener el fogón apagado durante un día, las comadritas lo adornan con flores amarillas de Pericón y velas, y lo vuelven a encender, tratándole con gran cariño, llamándole “mi San José”. El 19 de marzo es una fecha del calendario de 1500, el calendario juliano, la cual permaneció como fecha tradicional en el calendario reformado, el que usamos desde 1582, llamado gregoriano. Por eso que en el Centro Ceremonial Otomí, en Temoaya, Estado de México, se celebra el Fuego Nuevo en grande hasta el día 19 de marzo. Se piensa que es una fecha tradicional antigua inamovible, que por alguna misteriosa razón no es exactamente el 21 de marzo, fecha que tendría sentido por ser equinoccio astronómico. Pero, como planteo en mis investigaciones, el 19 de marzo es fecha congelada originalmente registrada en el calendario juliano.

Ceremonial fire

Los cinco días previos en que se practica ayuno son muy importantes, porque nos permite limpiar nuestros cuerpos e ingresar a un nuevo ciclo de manera intencional, con propósitos renovados.

Esperemos que en este momento, en que hemos transitado ocho de los trece años que comenzamos en el año 1 Aneyaxi (1 Pedernal) en 2012, podamos recordar el propósito de nuestra presencia y participación en el ciclo natural de vida y muerte.

 

*El registro de fechas de Fray Diego Durán es sobre el calendario juliano, por lo que a la fecha que ingresa de 21 de marzo hay que agregar 10 días, colocándonos en el 31 de marzo. Todas las fechas de Durán están desviadas por dos días, ya que el inicio de la veintena otomí que se llama Anttzayo y es equivalente a Tlacaxipehualiztli, inicia el 29 de marzo.  
Fotos:
1. Foto de la autora, en su casa en San Pedro Tultepec.
2. Fuego Nuevo en Temoaya, Estado de México. https://asisucede.com.mx/da-inicio-xxix-festival-del-quinto-sol/
3. Ceremonia en Acambay, Estado de México. https://correodehoy.com/2019/03/21/inicia-en-acambay-festival-del-quinto-sol/
Fuentes:
Mi Comadrita, la Mamá de Emilio Torres, de San Lorenzo Huitzizilapan.
Fray Diego Durán (1888). Historia de las Indias de Nueva España y Islas de Tierra Firme de , Volumen 2.